El Jardí Inexistent

Vivido Sueño
La obra de Shakespeare otorga al conjunto, pese a todas las libertades tomadas luego en el detalle, un marco dramatúrgico de enorme cohesión interna...El Jardí Inexistent es una pieza rica y diversa en los detalles, contundente en su suma, sugerente en el desarrollo y de álgido final. Un vivido sueño.- La Vanguardia 06.05.04 - Joaquim Noguero

El jardín de los sueños
Un atractivo espectáculo mestizo en el que los movimientos de los intérpretes tienen, para empezar, razón de ser, algo de muy agradecer...La comedia de Shakespeare es, sin duda, una base solida para este montage ágil y divertido sobre la dualidad del ser humano, pero tampoco no hace falta conocer la obra del barde para entender lo que Senza tempo nos quiere contar....
- El País 07.05.04 - Begoña Barrena

Un paseo por el sueño y la realidad
... Pero es en el apartado teatral donde Senza Tempo deja su sello con una poética forma de mostrar un contenido... Todo ello queda bien cuajado gracias a unos intérpretes que proporcionan con sus diferencias, fisicas y interpretativas, una de las mejores cualidades de la pieza... Unos actores y bailarines en los que Pablo Ley ha sabido esculpir un buen trabajo dramatúrgico. - El Periódico 08.05.04


La imaginación de verdad
Las escenas van pasando como cuadros de un retablo barroco de una plasticidad surrealista y los intérpretes encarnan perfectamente su papel, por lejano que sea de su personalidad real...De un buen espectáculo de setenta y cinco minutos a una ilusión por la danza para siempre.- Avui 08.05.04 - Bàrbara Raubert Nonell

Lenguaje en movimiento
La compañía Senza tempo fascina con su último espectáculo el jardí inexistent en el TNC...El grupo utiliza presencias escénicas singulares, en una combinación de lo surrealista y lo quotidiano. Y lo más importante: no renuncia a contar historias...
- El Periódico/Suplemento Viernes-07.05.04-Guillem Clua.


Peixos a les Butxaques

Un bello poema visual
De Montse G. Otzet (El Periódico, martes, 9 de abril de 2002)

Terminada la Trilogía del Agua, Inés Boza y Carles Mallol han decidido echar una mirada al pasado y examinar el camino recorrido. El resultado de esta reflexión les ha llevado a crear Peixos a les butxaques, un bello poema visual que invita a dejar volar la imaginación hacia espacios y sensaciones muy sugerentes.
Peixos a les butxaques, está construida por dos piezas que los creadores guardaban en el baúl de los recuerdos, Cien años y De tul a tul, a las que han añadido una reciente, El día en que. La conjugación de estas coreografías ha propiciado una obra que recoge lo mejor de Senza Tempo.
Desde sus inicios, uno de los valores que siempre ha exhibido Senza Tempo ha sido la atención que el grupo pone a la hora de crear el espacio escénico en el que se desarrollan sus historias. En Peixos a les butxaques, esta cualidad se repite hasta alcanzar momentos de una gran belleza plástica, propiciada por unas sillas colgantes, unas manzanas sabiamente esparcidas o el revuelo de una falda de tul blanco.
El movimiento, la palabra, la iluminación y la fotografía son los ingredientes que Boza y Mallol utilizan para narrar su historia, un relato en el cual la música consigue una presencia de impacto y donde los sueños y la realidad juegan en terrenos ajenos.
Toda una fantasía visual, en suma, que no resultaría igual sin la presencia de Viviane Calvitti, Nausica Guitart, Iva Horvat y, sobre todo, Carles Mallol, que alcanza una de sus cumbres en un delirante monólogo.


Entre tules y manzanas
De Carmen del Val (El País domingo, 7 de abril de 2002)

El público se reconcilió con la compañía Senza Tempo tras el estreno de su último trabajo Peixos a les butxaques, donde retoman la creatividad y fluidez que mostraron en Robadors de sal, una pieza de 1995. Sus tres anteriores obras sobre el tema del agua, Capricho (1994), Lazurd (1998) y especialmente Zahoríes (2001), distan del frescor e imaginación que todos esperábamos del dúo formado por Inés Boza y Carles Mallol desde que irrumpieron en el panorama dancístico, a principios de la década de 1990.
En esta ocasión Inés sólo asume el papel de codirectora, no baila; sí lo hace, magníficamente, Carles Mallol, junto a Viviane Calvitti, Nausica Guitart e Iva Horvat. Siguiendo con su estética a lo Pina Bausch, Boza y Mallol han ideado un bellísimo espectáculo de danza-teatro formado por tres piezas cortas, Cien años, El día en que... y De tul a tul, que se entrelazan en un sugestivo sueño.
Como todos los trabajos de Senza Tempo, Peixos a les butxaques presenta una cuidadísima puesta en escena, tanto en lo que respecta a la escenografía como al vestuario. Al levantarse el telón aparece una cama con dosel y un vestido largo blanco. Una sensual mujer que luce una falda de tul con volantes nos sumergirá en su memoria. Otras dos mujeres la acompañan. Un hombre tumbado en una cama repleta de manzanas duerme. A través de un fluido vocabulario gestual en el que se entrelazan con sutileza las ricas frases coreográficas con el gesto cotidiano, los personajes se relacionan, sus sueños se trenzan formando un expresivo mosaico. Las canciones, la voz y la mirada se unen al movimiento, moldeado por un atractivo collage musical que combina música pop, flamenco y música árabe.
El solo interpretado por Carles Mallol es realmente espléndido. Suspendido en el aire, planea sobre un escenario lleno de manzanas. Histriónico y tierno, sus pies se tuercen mientras su cuerpo se deja seducir por la canción de Tom Jones Sex bomb.


Fuera del agua
De Joaquim Noguero (La Vanguardia, 4 de abril de 2002)

Igual que, gracias al filtro de la cabeza, uno puede convertir los defectos en virtudes que más tarde jueguen a su favor, una excesiva confianza en nuestras mejores cualidades siempre representa algún peligro. Los árboles pueden entonces tapar el bosque. Y de lo que se trata no es de eliminarlos -no habría bosque en ese caso-, sino de no concentrar demasiado la atención en ellos.
La arboleda en la que enraiza Senza Tempo es su facilidad para seducirnos con poderosas y sugerentes imágenes. Y el bosque del que su exceso puede apartarnos propone una mirada crítica e irónica respecto a los convencionalismos y a la gris monotonía de más de una de las realidades que nos rodean. Como Pina Bausch, cuyo modelo tomaron como punto de partida, Inés Boza y Carles Mallol diseccionan y estilizan la realidad, parten de estereotipos gestuales y convierten su adocenada mecánica en ritmos pautados, con un proceso paralelo a aquél del que dramatúrgica y literariamente se sirvieron Ionesco o Joan Brossa.
El trabajo de Senza Tempo es, pues, un trabajo poético cuyos subrayados encierran siempre una reflexión. En sus aciertos, su profundidad gana en igual medida que los aciertos plásticos. Pero si nuestra atención sólo repara en éstos, algo falla, en la misma medida que una metáfora es como un bumerán: si no hace diana, nos da en la cara.
En “Peixos a les butxaques” hallamos dos partes claramente diferenciadas en los resultados, y es la segunda, protagonizada por Carles Mallol, la que se lleva la mejor parte por la gran amplitud de registros interpretativos de los que hace gala. Reconocemos los gestos, y todos y cada uno de ellos llevan más allá de su referente real, mientras que antes, en los fragmentos de las chicas, hay más ensimismamiento en lo particular, siempre en la superficie de las imágenes, como si fueran procesos de transición de un material construido por yuxtaposiciones. En este sentido, lo mejor de “Peixos a les butxaques” es esta progresión hacia arriba, su apuesta por el vitalismo que mejor les ha caracterizado. Lo peor, que tarde en llegar.


Zahories

Manantiales subterráneos
Senza Tempo estrena Zahoríes, última parte de su trilogía del agua.
De Javier Vallejo (El Pais, Babelia, 20 de mayo de 2000)

Capricho, la primera de las piezas de la trilogía, reflejaba el universo femenino a través de mujeres que lavan y tienden ropa en las azoteas: la han representado en plazas, jardines, embarcaderos y otros espacios al aire libre.
Lazurd habla de un viaje interior y de momentos de plenitud que se traducen en un bacanal sobre un espacio inundado. Y Zahoríes, que se acaba de estrenar en Manchester, “intenta sacar a la luz, en tiempo de sequía, las aguas que estan ocultas: en un plano metafórico es una búsqueda de los sueños, del amor y de las cosas que se atesoran más secretamente”, explica Inés Boza, directora -junto a Carles Mallol- de Senza Tempo. “Como para nosotros, el desierto es una referencia geográfica lejana, escenográficamente nos inspiramos en el secano ibérico: hemos llenado el escenario de cepas, y hemos introducido el viento como agente desertizador. Pero en definitiva hablamos de relaciones humanas, de soledad y de ese regalo que nos espera y que a menudo no somos capaces de ver”.


Amor y desamor: agua y viento
De José G.L. Antuñano (ABC Valladolid, 28 de mayo de 2000)


En pocos meses el público de Valladolid ha tenido al oportunidad de ver la trilogía del agua, compuesta por Capricho representada hace unas semanas en el festival de teatro de calle, Lazurd y Zahoríes, estrenada esta última el viernes en la Sala Ambigú. Estas tres propuestas hablan de rigor, trabajo serio, creatividad, buena técnica y sensibilidad, unidas por el hilo conductor, el agua, como metáfora.
En Zahoríes, dos hombres y una mujer buscan en un territorio agreste, plantado de vides secas, como Zahoríes, el agua, el amor.
Este espectáculo de teatro-danza transcurre por el mundo interior de los personajes, que viven en soledad, perseguidos por certeras obsesiones y que intentan salir del hostil territorio , significado por la escenografía y por un viento que seca y esteriliza, para encontrar la felicidad y el amor, que se anhela y que surtirá espontánea de una de las vides.
Esta historia contada por Senza Tempo, se apoya en una música, mediterránea, sensual en ocasiones, y en unas imágenes sugestivas y , bellas y con fuerza plástica. Imágenes o acciones como la del hombre que trata de pescar con una caña a la mujer, la pelea entre los dos hombres - tradicional en danza pero con suficientes acciones para ofrecer novedades -, el intento de llenar unos bidones de agua en una afanosa búsqueda al ras de tierra, o la escena final, hermosa e inquietante a un tiempo, con el hombre, tapados los ojos, que intenta alcanzar el agua de un bidón que cuelga de una caña de pescar que tiene atada.
Los tres intérpretes, Inés Boza, Carles Mallol y Eduard Teixidor, conjugan la expresión corporal, las acciones físicas con movimientos propios de la danza, en una interpretación armónica donde los gestos amplifican y dan mayor significado a los movimientos. El espectáculo se emparenta tanto por el planteamiento, como por la concepción y diseño de escenografía y vestuario, con los de Pina Bausch, pero mostrando personalidad por la evolución de esta propuesta desarrollada con criterios propios.
Zahoríes tuvo una cálida acogida del público.


Olas bajo el desierto
De Carlos Troquero (El Mundo, Diario de Valladolid, 28 de mayo de 2000)


Interesante reflexión de Senza Tempo sobre la vida, las fuerzas interiores de cada uno y las relaciones entre los hombres.
La primera parte de la trilogía, Capricho, se ha podido ver, junto a San Benito, en el festival de teatro de Calle, y en ella se habla de origen de la existencia, Lazurd, la segunda, se presentó en la Ambigú hace dos años fascinando al público por las bellísimas imágenes de ese viaje a ninguna parte.
Ahora estrenan en España, después de su paso por el Festival de Manchester, Zahoríes, el final de la trilogía. Está en lo cierto Senza Tempo: este siglo de impresionantes avances tecnológicos que ha dividido el mundo en dos zonas: una de capitalismo salvaje y riqueza desmesurada de unos pocos, y otra de insultante miseria, ha insensibilizado al hombre hasta el punto de convertirlo en un mero espantapájaros para ahuyentar sus propias fuerzas interiores.
Geniales esas escenas de Inés Boza encima de la vid yerma, en medio del desierto. Así que solamente los zahoríes, buscadores de agua y por lo tanto de vida, se percatarán que bajo el desierto están las olas, nuestras fuerzas interiores que restablecerán la comunicación entre los demás, que nos abrirán los ojos hasta el punto de percatarnos de que es necesario cambiar este mundo que, inexorablemente, se dirige a toda velocidad hacia la destrucción total.
Se precisan no uno, ni cien, sino cientos de miles de zahoríes para cambiar el rumbo hacia la nada.
Bellísimo espacio escénico infinitamente abierto con esa proyección sobre la pared desnuda de la Ambigú y ese suelo desértico sembrado de vides silvestres. En ese espacio Inés Boza, Carles Mallol y Eduard Teixidor, ayudados primero por las músicas rituales españolas y luego, por áridas voces africanas, iniciarán la búsqueda de de esas fuerzas necesarias, creando una opresión, una angustia, una necesidad de beber inmensa que transmitirán a todos nosotros, primero espectadores, después participantes activos de esa búsqueda.
Senza Tempo bebe de Pina Bausch, pero no se limita a a imitar a la genial alemana, sino que ha conseguido trabajando, entregándose de verdad, un estilo propio, de ahí esas imágenes con sus cuerpos en movimiento de una fuerza y belleza estética inigualables, imágenes cargadas de sensaciones, también de una necesaria intranquilidad.


Lazurd

Ritual de la lengua y el pie
de Roger Salas, El Pais, 5 de junio de 1999

De auténtica sorpresa puede calificarse la llegada a la madrileña Sala Cuarta Pared, y dentro del festival Madrid en Danza, de la obra Lazurd (parte de una trilogía del agua), creada por Carles Mallol e Inés Boza, con su grupo Senza Tempo.
No veíamos un suelo de alfombras persas desde Le Royaume Milenaire, de L’Esquisse, y es que el trabajo de Regis Obadia se siente sobre este grupo, lo mismo que la herencia teatralizante de François Verret y de toda una época de la nueva danza francesa donde el viaje poético era un tema recurrente y donde, sin embargo, no falta el compromiso social.
En Lazurd, una encopetada dama lee el Financial Times mientras en torno suyo cuatro seres errantes arman el circo de la vida: juego y riesgo, luchas y miserias, truco y prestidigitación. Es como una tropa emigrante y aventurera de actores o parias que resumen muchas cosas; hasta que comienza un ritual perverso en el agua y en el que sigue estando la farsa y el circo como base formal de la acción. Cualquier diferencia de clase o condición desaparece y se abre la espita de los deseos prohibidos, donde todo vale como pulsión o camino hacia el éxtasis, sea cual sea.
La coreografía es excelente, y se apoya en una aguda selección musical donde hay alusión tanto a los derviches como al sexo duro, dentro de un espacio escénico virtuoso e imaginativo. Hay que destacar el baile y la potencia de Inés Boza y la química de alta fogosidad que despliega junto a Victor Zambrana, un pequeño gran antihéroe capaz de sacar de sus músculos los valores de una expresión poderosa.
El público convenientemente remojado en las primeras filas por la efusividad acuática de los artistas, aplaudió con entusiasmo un trabajo serio y conseguido.


Agua bautismal
De Carlos Gil, gara, 14 de febrero 2000

Este trabajo es una manera rotunda de difuminar la frontera entre danza y teatro. La dramaturgia impera sobre el resto. La disponibilidad espacia, la utilización de la expresión corporal, el juego con los elementos escénicos y el propio desarrollo de la historia es una muestra de teatro contemporáneo pluridisciplinar.
Hay personajes, hay intención previa, hay planteamiento, nudo y desenlace, escenografía, iluminación y mucho talento cargado de sensibilidad.
Es decir, teatro que se expresa sustancialmente con el cuerpo, en donde hasta hay coreografías, pero también hablan, también canta. ¿Ópera acaso? No es cuestión de nombrar, sino de sentir lo que proponen estos artistas. Un viaje. Un simple viaje de unos personajes inquietantes, beckettianos, que acaban descubriendo el mar, su mar interior, el mar de agua bautismal. Al que inicia el ser en la verdad de su existencia y de las posibilidades de convertir la expresión artística en una unción que da pasaporte a las emocione, a las composiciones escénicas cargadas de significado y que se suceden en una atmósfera sonora realmente ejemplar.
Un espectáculo total, en donde cada personaje tiene una vida interior y que, en conjunto, produce una extraña sensación de trayecto por un estado emocional que arrastra a los sentimientos, que provoca sobresaltos casi hormonales en el espectador fascinado por lo que ve, por lo que oye, por lo que le hacen sentir el conjunto de los elementos dramáticos, perfectamente ordenados en una puesta en escena que une la singularidad, lo pequeño convertido en gigante referencial y lo espectacular.
Una iniciación en lo sutil, en donde los actores bailarines van logrando que sus personajes inunden más que el agua, que no son solamente movimiento, sino que transmiten sentimientos.
Todo está encajado con minuciosidad de relojero. Cada sonido, cada foco, cada gesto, cada explosión de energía van logrando esa rara sensación de bienestar y compromiso anímico e intelectual en los espectadores para dejarse maravillar por el fascinante espectáculo al que asiste bautizado por el agua que no aisla, sino que une por esa península llamada talento, belleza, teatro y danza. Desde su primera idea hasta la dirección pasando por la interpretación, todo nos lleva por un viaje con destino el Arte.


El circo líquido
de Andrés Molinari, Ideal, 3 de noviembre 1998

Una pista líquida, un ir y venir de artistas con la sorpresa bajo el brazo y la agilidad por bandera, un guiño a los juegos malabares, una pincelada de acrobacia sobre sillas, unas miradas cómplices al público.
Esos son los ingredientes de este circo en el que se mezclan teatro, danza, diversión, color, agua y por supuesto, la música. Ella no solo envuelve la pista sino que nos da pistas para seguir el tenue hilo argumental que todo espctáculo circense posee. Por eso parece más oportuno dejarse llevar por la música, por el espectáculo, por la enorme capacidad de divertir que posee este grupo. Ni un momento decae la atención, todos estamos atentos a las bellas imágenes y al creciente ritmo.
Todo bien subrayado de la excelente iluminación y la omnipresente música. Los que gustan aplicar las devanaderas a estos espectáculos y extraerles su posible quintaesencia pueden ver un suelo cuadriculado de alfombras como fragmentaria es la realidad, una rubia aria seducida por los judíos erráticos, unos gitanos que llegan e inflan su carpa, unos núfragos sin isla, una gente que se moja en la vida, en el almuerzo y en la seducción.
Los muy iniciados en este género percibirán mucho aroma a Pina Bausch con levísimos toques nuevos, un capítulo más de esta danza que tanto gusta al festival, un lazo en el recuerdo con aquella “Nana quiere bailar” que enraizó este género en Granada. Los que gozan del teatro sin necesitar que todo le cuadre no se preguntan si son ellos los que no entienden o el espectáculo el que no se expresa bien. Se limitan a disfrutar con la elegancia de movimientos, con la exquisita comicidad de algunas escenas, con las vitales zambullidas en el hammam sefardí, con ese parecer acción sencilla pero estar sólo al alcance de cuerpos preparadísimos.
En definitiva, con el más diferente todavía que es el alma de todo espectáculo.


Robadors de Sal

Hechizantes imágenes de almas infelices
The Herald, Escocia, 8 de agosto 1996 De Mary Brennan


Poco a poco, mientras se encienden los focos uno vé bolsas negras de basura, llenas a rebosar, agrupadas a los lados del escenario. ¿Basura esperando a ser recogida? Quizás. ¿El equipaje personal de unos transeuntes anónimos y desarfotunados? ¿Quién sabe? De todas formas, estas bolsas evocan lo desechable de la sociedad. También el cuarteto, que entra en este espacio vacío, parece tener una inmesa tradición cultural de la que beben sus movimientos, y sin embargo aparentan no tener ni raices ni lazos.
Pero si esta gente no pertenece a ningún sitio en concreto o ni siquiera a una época, -la banda sonora sugiere melódicamente una Europa de todos los tiempos, desde Turquía hasta la Cataluña medieval, pasando por la Italia de los años ’50 (al ritmo cinematográfico de Nino Rota)- aparentemente anhelan pertenecer a alguien a cualquiera.
Hay un toque de flirteo y de capricho en mucho de lo que hacen estas cuatro personas, la mezcla de tres mujeres y un hombre crea, con momentos de tensión y de rivalidad, unos juegos a menudo muy divertidos, pero de reconocible inspiración en el léxico universal de la seducción.
Entrelazado con todo esto, hay imágenes repentinas y poderosas del extásis religioso -la flagelación penitencial que se transforma en autoabrazo o los peregrinos avanzando arrodillados y simultáneamente besándose apasionadamente las manos- que añaden facetas complejas y fascinantes a los temas de la posesión y del ser poseido y que habitan el simbolismo visual y la coreografía.
Dese la última vez que Senza Tempo estuvo aquí -formando parte de España Joven en 1992- la compañía ha seguido construyendo piezas simbólicamente ricas y detallistas, y de un surrealismo seductor. ¡Que refrescante ver algo cargado de demasiadas ideas, en vez de algo aon un sólo tema brutalmente alargado!


Cuento sin Título

Deliciosamente locos
De Carmen del Val (El Pais, Cataluña, 19 de febrero 1993)


Tras el sorprendente éxito obtenido por Inés Boza y Carles Mallol con su primera obra, Senza Tempo (1991), se esperaba con curiosidad el estreno de su segundo espectáculo, Cuento sin título, una deliciosa locura irregular
. El nuevo montaje, al igual que el primero, es un trabajo más cercano al teatro que a la danza, con numerosas connotaciones del trabajo de Pina Bausch. A lo largo de la obra existen momentos brillantes y originales que respiran ironía y frescura. La indiscutible presencia escénica de los dos sensibles autores e intérpretes logra que este raudal de emociones, situaciones absurdas y poesía asfáltica acabe por seducir al espectador.
En Cuento sin título, sus autores utilizan en el escenario elementos como montones de bolsas de basuras con desechables y numerosas latas vacías de coca-cola para crear una estética sugerente donde no hay un discurso lógico. A partir de las acciones de los intérpretes y de su interrelación, se crea un ambiente cargado de significados. El gesto cotidiano coexiste con las frases coreográficas.
En este marco se encuentran dos seres distintos. Inés es una mujer bella, seductora, consciente de que la vida es una trampa, y quiere llegar la primera, su sueño es atrapar la luna. Carlos es inocente, emana humanidad, para él la vida es un juego. Ambos intiman, juegan, pretenden huir escondiéndose dentro de una bolsa, pero al final se enfrentan por salir del mundo que les oprime y llegar el primero.
Muy acertada la base musical de la obra, una amalgama de diferentes compositores: Bach, Monteverdi, Granados, Mary Martin, E. Bloch, música húngara y folclor turco, que surge de una especie de caja de música con ruedas que se mueve por el escenario y se convierte en el confidente de esta singular pareja.


Senza Tempo

Una sonrisa inesperada
De Paul Verduyckt (De Morgen, Bruxelles, 29 de noviembre 1991)


Las certezas ya no existen. No se trata de un agradable mensaje a la clase política, como el pasado fin de semana nos hubiera podido parecer (ref. A las elecciones en Bélgica). Simplemente señalar que en el fascinante mundo de la escena tal afirmación puede procurarnos atractivas experiencias. El trastoque de las certezas, de la habitual mirada autosuficiente, de las nítidas diferencias de géneros y de los modelos fijos de movimiento o de actuar son algo tan antiguo como el can-can pero generan sólo de forma excepcional una energía artística original.

Que precisamente dos actores barceloneses de teatro-danza como Inés Boza y Carles Mallol ofrecieran esta semana en el bruselense Plateau una brillante representación, fue totalmente inesperado. En su producción Senza Tempo, que ellos mismos interpretan, funden sin problemas teatro de movimiento y danza y muestran la inmemorial relación hombre-mujer de una manera original e imprevista.

El refrescante paseo de I. Boza y C. Mallol sobre lo que a primera vista parece camino trillado, ofrece cierto parentesco con el enfoque de la generación teatral de Flandes de, entre otros, Needcompany, Jan Fabre y, en menor medida, Anne Teresa de Keersmaeker. Con estos últimos comparten la directa confrontación con el espectador y un indirecto, demostrativo del planteamiento de sus roles y del tema principal. Sin anecdotario. Que ciertas representaciones de grupos flamencos que siguen parecido camino en el barcelonés Mercat de Les Flors, es evidente. Para Senza Tempo tiene esto realmente poca importancia. De la representación de Boza y Mallol queda claro que no son vulgares copistas, que disponen de la necesaria imaginación.

La escena inicial de Senza Tempo marca el tono. En tres ángulos del esceanrio se levantan pequeños muros escalonados, a base de ladrillos sueltos (¿no son estas las piezas angulares sobre las que toda la obra e incluso la relación entre los dos intérpretes se estructura y culmina?, me pregunto una vez terminada la representación). Mientras la actriz-bailarina (I. Boza), con un vestido rojo, atenaza al público con una mirada fría, se coloca un ladrillo sobre la cabeza y pasea cuidadosamente -cuestión de mantener en equilibrio el ladrillo- desde el fondo de la escena hacia adelante, el algo melancólico-algo gracioso hombrecito, que refunfuña recostado confortablemente en la parte delantera -con la cabeza en otro ladrillo-, ve aparecer tan apetitoso bocado, pero no hace ningún intento de acercamiento. Se limita, cosa paradójica, a seguirle literalmente los pasos: con la nariz pegada en el suelo rastrea el pasear cauteloso de ella. Esta ni vuelve la cabeza hacia él.

En las escenas que el dúo, aparentemente sin más, se saca de la manga, no transcurren las cosas siempre de manera “adorable”. También las dolorosas emociones y los choques mentales y físicos entre dos personas salen a la luz. Aunque de una manera indirecta Senza Tempo raras veces deja decaer la tensión.